La democracia en tiempos de crisis

Protesters in Caracas, Venezuela, January 2015 (Carlos Díaz/Flickr)

Protesters in Caracas, Venezuela, January 2015 (Carlos Díaz/Flickr)

Tanto que se ha hablado de la crisis económica sea en Puerto Rico, Grecia o España— como si fueran casos aislados con soluciones distintas. Varias instituciones vienen ofreciendo remedios, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial u órganos políticos como la Unión Europea, a pesar del rechazo unilateral por parte de nuevos partidos formados como Syriza y Podemos, resultado de estas crisis. Aunque parecen tener caras diferentes, tienen el mismo nombre y apellido, que son “austeridad” y “neoliberalismo.”

La mejor herramienta para enfrentar una crisis económica siempre ha sido la democracia. El poder popular mediante procesos democráticos que promueven una participación cívica es lo que más asegura que se haga los cambios necesarios para frenar el derrame de sangre de esta herida mundial. Las soluciones que realmente tendrán impacto en las vidas diarias de las personas más impactadas por las políticas económicas explotadoras impulsadas por los buitres fondos, bancos y “inversionistas” vendrán del mismo pueblo, no de la élite diminuta que provocaron estas crisis. Ni debemos esperar que nos vengan con un nuevo canto; ya que sabemos que es el mismo “le lo lai” capitalista como siempre.

Nunca dudes el impacto que puede tener la participación activa y masiva de un pueblo informado y comprometido a llevar a su nación adelante, a pesar de pronósticos desoladores. Lo vimos en Cuba en los días y años después de que triunfó la revolución, cuando el pueblo cubano se entregó a la tarea de formar nuevas instituciones sociales y políticas que reflejarían la gran diversidad del país y que trabajarían para que las necesidades y derechos de todos los cubanos se respetaran y se cumplieran. Hoy en día se ve un pueblo bastante educado e involucrado con la evolución y preservación de su paíssea el portero en el hotel que opina de los más recientes acontecimientos globales, el taxista que ha viajado al extranjero o la artista de la esquina que se te pone a hablar de la teoría musical de una nueva fusión de danza con reguetón.

(Oscar Rohena/Flickr)

(Oscar Rohena/Flickr)

Se ha visto en Venezuela donde se ha profundizado la democracia mediante un sistema electoral que se ha declarado el más transparente y efectivo del mundo. Para no esperar hasta elecciones, millones de personas forman parte de consejos comunitarios, los cuales son unos 40.000 en el país, donde los residentes se reúnen a discutir sus prioridades comunales. A través de estos procesos democráticos, llegan a un acuerdo sobre cuales proyectos comunitarios se deben realizar y proponen al gobierno una petición de fondos explicando cómo su proyecto beneficiaría a la comunidad, sea la construcción de una escuela o el pavimento de una calle. Estos consejos pueden formarse en una comuna que representaría a un barrio o vecindad con la capacidad de administrar fondos para sus proyectos. Venezuela es un país que, a pesar de sus divisiones ideológicas y momentos económicos difíciles, ha mantenido su compromiso de seguir trabajando sobre las ganancias sociales que se lograron en estos últimos 17 años.

La verdadera democracia al nivel comunitario en Venezuela reconoce que la participación de toda la ciudadanía —sobre todo las personas más vulnerables y marginadas es clave en resolver los asuntos económicos que afectan a todos, pero [email protected] más que [email protected] A través de la participación popular en los consejos y comunas, el pueblo se va formando y informando.

Viviendo las realidades y consecuencias de las políticas económicas de su país, sean autoimpuestas o forzadas, el pueblo es lo que tiene más conocimiento de primera mano de cómo se les aplican. Por eso, estos consejos existen no sólo para que unos vecinos pidan lo que necesiten, sino también para que propongan soluciones a los problemas que ven y enfrentan. Han surgido opciones y alternativas a varias propuestas del gobierno que, aun actuando para el mayor beneficio y bienestar del país, no logra remediar los problemas con mayor eficaz.

Puerto Rican flag-painted face at Occupy Puerto Rico protest in San Juan (Dave Lobby/Flickr)

Puerto Rican flag-painted face at Occupy Puerto Rico protest in San Juan (Dave Lobby/Flickr)

No hay mejor evidencia de políticas dañinas al pueblo donde el mismo no ha tenido la oportunidad de ser escuchado que en Puerto Rico. Allá se enfrenta actualmente una crisis económica —que intrínsecamente conlleva una crisis política y social en sí por todavía ser una colonia que cuenta con una alta población empobrecida— provocada por el abuso financiero de los buitres fondos y facilitado por ambos gobiernos. El viernes pasado se convocó una asamblea informativa ciudadana frente al Capitolio en San Juan, donde cientos de personas asistieron y generaron propuestas concretas para una transformación social, económica y política de Puerto Rico. La semana anterior se había reunido un grupo de mujeres para dialogar sobre como la crisis les impacta a ellas de manera particular. En momentos de crisis como esta, reconocen que no se puede dejar de velar por los derechos humanos, sobre todo cuando hay intentos de minimizar y hasta erradicarlos.

A través de la democracia participativa, otras voces que no sea la de Anne Kreuger (la ahora famosa autora del informe de FMI que propuso medidas de austeridad que destruiría a miles de familias en la isla) se están alzando. Si los bonistas quieren que el pueblo se responsabilice por la deuda, entonces el pueblo tiene el derecho de poner sus condiciones y ofrecer sus soluciones, lo cual puede incluir no reconocer a la deuda como una pública ya que fue creada por instituciones privadas.

Los derechos económicos y sociales son también derechos humanos que se deben respetar tanto como el derecho a ser libre de tortura o de esclavitud. Bajo las normativas y leyes internacionales, está garantizado el derecho a una vivienda digna, una educación y un trabajo en condiciones no abusivas y con un salario adecuado. Las medidas propuestas por el informe Kreuger acabarían con muchos de estos derechos que tanto se lucharon para lograr. Negociar con nuestros derechos humanos para complacer a acreedores que ya se enriquecieron abusando de los mismos no puede ser opción viable. Los pueblos ya saben eso, y por eso las soluciones que nacen de ellos de manera colectiva son las más nítidas y contundentes.

La democracia facilita la transformación hasta en los momentos más críticos, siempre y cuando haya participantes. El mundo no aguanta más complicidad. Es tiempo de alzar nuestras voces.

***

Natasha Lycia Ora Bannan es abogada de derechos humanos y la presidenta-electa del Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild). Se puede comunicar con ella en Twitter @lyciaora.

email
,

Leave a Reply