Patricia Gualinga Montalvo: Tres testimonios indígenas de vida y lucha (II)

Esta es la segunda entrega de una serie de tres entrevistas, realizadas por un grupo de estudiantes de Assumption College, a Chandra Kalindi Roy Henriksen (Chakma, Bangladesh), Patricia Gualinga Montalvo (Sarayaku, Selva del Amazonas) y Mirian Masaquiza (Salasaca, Ecuador). Sus vidas, distantes en el tiempo y la geografía, se hermanan bajo la experiencia común de la discriminación étnica y lo que ha significado para ellas ser mujeres indígenas, defensoras de sus comunidades de origen y de otros pueblos indígenas a nivel global. Este proyecto formó parte de la clase Other Literatures: Indigenismo, impartida por Juan Carlos Grijalva durante el semestre de otoño del 2015.    

Patricia Gualinga Montalvo pertenece al pueblo originario kichwa de Sarayaku, en la selva amazónica ecuatoriana; y es la representante de relaciones internacionales de su comunidad. Hace pocos meses, la Fundación Amazon Watch le otorgó el título de “Guerrera del Amazonas” y Latino Rebels le dedicó también una pequeña nota. En esta narración de tono íntimo y familiar, Claudia Palencia y Emily Cabral transcriben el testimonio de la vida y compromiso de Patricia con su comunidad de origen y otros pueblos indígenas del mundo. En palabras de Palencia, la enseñanza que deja Patricia con su vida es ésta: “no importa que tan insignificante o discriminada soy en los ojos de la sociedad, yo puedo hacer un cambio en este mundo. Con mi granito de arena, yo puedo ser un cambio positivo en este mundo”.

Patricia  

No recuerdo mucho de mi infancia

Yo nací en Sarayaku. Soy la número cuatro; soy la cuarta. No recuerdo mucho de mi infancia porque después de mí, nació un hermano pequeño con dos años de diferencia. Entonces yo creo que recuerdo poco de la escuela, me gustaba dormir mucho. Era un problema ir a la escuela porque yo siempre estaba durmiendo más de la cuenta. Entonces mi mamá tenía tanta pena de enviarme a la escuela que no me mandó como a mis otros hermanos a los seis años sino a los siete. Somos seis; dos mujeres y cuatro hombres.

Patricia Gualinga UN

Obviamente mi padre, mi madre y mis hermanos son mi familia más cercana, pero mi familia es también mi pueblo. Nunca los vi como extraños, siempre los vi como familia. Tanto así que no pude casarme en Sarayaku porque para mí todos eran familia. Tenía que encontrar a alguien que no sea familia. Porque el sentimiento y el cariño que tenía hacia la familia era distinto.

Nunca pude entender el idioma de los profesores; fue terrible

En la escuela aprendí a leer y escribir desde el primer momento, pero para las matemáticas nunca fui buena. Cuando terminé la escuela a los 12 o 13 años, en mi pueblo no había colegio. Entonces había dos opciones: o quedarme con los seis años de la escuela o buscar una manera de estudiar, pero no había muchas maneras. Entonces, por esos días, una señora estuvo como profesora también y ella pensó que era importante estar en un internado en Quito, que es la capital del Ecuador. A los trece años fui llevada de Sarayaku a Quito, a un internado de religiosas católicas. Pero era demasiado pequeña para estar en el internado. Era la más pequeña de todas las chicas, entonces no podía estar allí y decidieron que fuera a pasar con una familia que tenía niños. Esa parte fue muy dura porque estuve alejada de mis padres, no entendía mucho el idioma, no sabía utilizar ni cucharas ni cubiertos, ni nada, y fue un choque súper fuerte.

Patricia Gualinga

Aprendí el español en la ciudad, como un choque. Sabía algunas palabras pero no de la ciudad. Nunca pude entender el idioma de los profesores; fue terrible. Estuve tres años allí y esa parte de mi vida es una de los partes duras de mi vida porque a los 15 años empezó un acoso del esposo de la señora y yo me declaré, a esa edad, en rebeldía. Y no quise comer más y pedí que me devuelvan a Sarayaku. Entonces en esa época funcionaban los telegramas, que eran como una especie de fax por teléfono. Y como vieron que ya no quería comer nada, preocupados, enviaron un telegrama a la misión católica en Puyo, porque mi familia no tenía acceso a telegramas ya que estaba muy adentro en el bosque. Y las circunstancias hicieron que mi madre estuviera allí y vino a recogerme y me devolví. Pero no había terminado el colegio; tenía como tres años del colegio apenas, pero ya sabía hablar en español, y mi carácter había endurecido un poco. Y perdí un año. Fui a la comunidad y estuvieron tratando de ver que hacían conmigo. Mi madre estaba empeñada en que tenía que terminar de estudiar.

Después volví a la ciudad como empleada doméstica, a los 15 años estuve de empleada. Pero tuve la mala suerte de que otra vez, a los 15 años, tuviera otro acoso. Y eso hizo que mi carácter fuera súper duro porque tuve que enfrentar toda esa situación. La realidad de las mujeres indígenas estaba llena de acosos en esa época, pero no sé ahora. No podía vivir en la misma casa, entonces me tuvieron que mover nuevamente y fui a la ciudad de Puyo que está más cercana a mi pueblo, como a un día de mi pueblo. Allí me matricularon en un colegio religioso de señoritas. Ahí andaba en un colegio de señoritas. Pero mi hermano mayor y mi hermana encontraron sus parejas y se fueron de la ciudad, entonces los dos últimos años me quedé sola en la ciudad. En los colegios de Ecuador tienes que tener alguien que te represente, que vaya a las reuniones y cosas así. Y como yo no tenía, yo pedí al profesor que sea mi representante en las reuniones, pero yo tuve que ser responsable de mí misma a los 16 años. Tenía que alimentarme, tenía que estudiar, tenía que tener algo de dinero porque mis padres no tenían. Pero hasta eso, yo ya sabía cocinar, ya sabía lavar, yo sabía cuidar niños, ya era una adulta casi.

Pues terminé el colegio; fui la primera de mi casa en graduarme del colegio. Después de eso, las cosas no han sido tan duras en mi vida personal porque la parte dura ya la había superado. Fui a mi comunidad y estuve con mis padres, pero la misión católica decidió -me pidió- que me hiciera cargo de un programa radial en kichwa, en la ciudad, y acepté el trabajo y por seis años trabajé haciendo programas en kichwa y español. Era muy fácil hablar tras los micrófonos. Así que no sabía enfrentar a la gente, solo al micrófono. Pero nunca fui política, era muy tímida. Era demasiado tímida todo el tiempo. Nunca pude estudiar en la universidad, así que me dediqué a trabajar de lleno. Era completamente ajena a las luchas sociales porque mi pueblo estaba tranquilo. Así que yo creo que mi infancia ha sido media dura. No podía comer la comida de la ciudad, vomitaba todo el tiempo, fue un horror. No crecí casi nada, estaba desnutrida casi. No pensé que iban a preguntarme sobre mi infancia. Porque me he olvidado.

He tenido los mejores padres

Yo creo que no pude haber tenido mejores padres que ellos. Nunca tuve una imposición de ellos. Cuando iba a salir a la ciudad a enfrentarme al mundo, ellos me despertaban a las tres de la mañana para hablar conmigo. Tenían preparada cocinada la guayusa amazónica y conversaban conmigo de todo; sobre mi responsabilidad con mi vida. Tener a mis padres fue una bendición siempre porque nunca los miré cada día, siempre los miré a los meses, o a veces al año. Y no podía exigir nada de ellos porque no podían darme nada de recursos; tenía que dármelos yo misma. Ellos me daban su apoyo moral, su cariño, su amor, pero dinero no me podían dar. Eso sí yo estaba muy consciente de eso. Nunca me han impuesto nada, siempre me han dejado en libertad y siempre me han apoyado, hasta ahora que son ancianos. Ahora los veo más.

Patricia Gualinga and students

La selva me llena de paz

Al inicio, para mí, cuando volví, cuando regresé a la selva –acuérdense que estuve mucho tiempo en la ciudad-, la sentí muy agresiva. La sentí como si hubiera perdido algo. Pasó el tiempo y ahora la selva volvió a ser otra vez mi amiga. Cuando voy, siento que me llena la paz, siento que puedo perderme; es el único sitio donde mi mente puede quedarse en blanco. Es el único momento donde puedo dejar mis preocupaciones a un lado. Para mí es un sitio de paz, de equilibrio y cuando voy muy agotada y estresada es como una recuperación.

Los ataques sucedidos en la Amazonia realmente en algún momento nos hacen sentir vulnerables y tristes. Pero yo no quiero salir de Sarayaku y los ataques que me entristecen y que me hacen sentir vulnerable, no hacen cambiar mis convicciones. El temor no va a hacer que abandone la lucha, no solo por Sarayaku sino por otros pueblos. Y tampoco me genera odio. Trato de que mi alma no se contamine con el odio. Puedo sentir tristeza, puedo sentir indignación, puedo sentir frustración, un montón de sentimientos, pero trato de no sentir odio, no quiero contaminarme con eso. Yo hago mucha oración, la oración me ha ayudado bastante. Yo pido a los seres celestiales y a los seres de la naturaleza que me protejan siempre y que me indiquen el camino. Que no sea yo, la que por mis caprichos tome la decisión y eso me ha ayudado. Aunque muchas veces es terrible, pero el tiempo me ha dado la razón. Si alguien te quiere hacer daño literalmente y lo hace, yo no hago nada para devolver ese daño. Pero la naturaleza y el tiempo son el juez. Y es terrible ver el castigo de la naturaleza y del tiempo, realmente nada queda sin castigo. Por eso yo me cuido de hacer cosas malas, ahí si tengo miedo de hacer cosas que no debo, porque sé que eso va devolverse a mí. Si hago cosas buenas, salen cosas buenas; pero si hago cosas malas, eso va venirse contra mí misma. No voy a ser yo el juez, ni la que organice algo que va a suceder por su propia naturaleza.

El racismo es un problema de complejos

Son los complejos de las personas que lo ocasionan. Que no tienen la capacidad de mirar mucho más allá de su propia realidad. Yo no he podido entender todavía por qué las personas pueden ser injustas, tampoco puedo entender cómo las decisiones de los gobiernos pueden producir tanto dolor en la humanidad. Es todavía la parte que yo no avanzo a entender. Pero el racismo es un problema, no de mí, porque yo no soy racista o no me considero racista; aunque puede haber racistas indígenas que no quieren saber nada de la otra parte. Hay racismo de parte y parte. Cuando la gente trata de negar a la otra parte o trata de disminuirla, pienso que tienen un problema grave de no abrirse mentalmente, de no comprender. Pienso que hay racismo en distintas clases, pero puede existir en distintas culturas también.

Pagricia Gualinga speaking

Yo no decidí ser líder, la circunstancia me obligó a serlo

Yo no lo escogí. Lastimosamente, cuando yo he querido escoger algo, la vida me ha enseñado que yo no puedo escoger. Sino que aparecen las circunstancias en las que tengo que decidir una forma correcta. Entonces, yo era completamente ajena a la dirigencia. Aunque mis hermanos eran dirigentes, líderes y todo, yo decidí trabajar en la radio y apoyar desde ahí, pero también era muy buena organizando cosas. Yo era muy callada, no daba discursos. Ahora puedo hablar pero eso es porque ya he hablado muchas veces. Pero en esa época yo no hablaba casi nada, no participaba hablando, solamente escuchaba. Cuando una ministra me pidió que sea parte de su grupo, de su gabinete ministerial, yo acepté porque mi padre me animó. Pero tuve la experiencia de ser una autoridad, y cuando mi pueblo estaba en peligro, la dirigencia del pueblo vino a mi oficina a pedirme que ayude al pueblo. Entonces, yo no estaba casada, no tenía hijos, tenía un cargo público, había estado en una ciudad. Y sin pensarlo no tuve salida o sí tuve salida: le decía no al pueblo y me olvidaba de lo que estaba pasando; o le decía sí al pueblo y no sabía lo que iba a pasar. En ese momento yo no podía decirle no al pueblo, porque el pueblo era mi familia, no podía decirle no a mi familia y negar a mi familia. Entonces, al inicio pensé voy a ayudar, pero nunca más lo dejé porque siempre hubo una cosa, tras otra, tras otra. Y cuando todos estaban con juicio, la única que nunca había hablado y estaba invisible era yo. Y recién ahí, descubrí que soy capaz de hablar. Y por las cosas que he ido haciendo, me he convertido en la persona que soy. Entonces, no fue una cosa que yo decidí ser líder o dirigente o que quise ser, es que la circunstancia me obligó a serlo.

Sobre este proyecto:

Assumption College students at UN

Durante el semestre de otoño del 2015, Chandra Kalindi Roy Henriksen, Patricia Gualinga Montalvo y Mirian Masaquiza, fueron entrevistadas por un grupo de estudiantes de Assumption College, Heather Schofield, Claudia Palencia, Melissa Taylor, Melanie Giuliani, Nicole González, Emily Cabral y Sharon Caulway (de izquiera a derecha en la foto). Los testimonios de estas mujeres nos permitieron ingresar al universo íntimo de sus vidas, los desafíos de sus comunidades de origen y sus luchas inquebrantables como activistas indígenas. La coordinación de este proyecto estuvo a cargo de Juan Carlos Grijalva (abajo, a la derecha), como parte de su clase, SPA400 Other Literatures: Indigenismo. Agradecemos a Chandra, Patricia y Mirian por su apertura y amabilidad, a Assumption College por haber financiado nuestro viaje a Naciones Unidas; y a Latino Rebels, por su interés en publicar estas historias inspiradoras.

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