Mirian Masaquiza: Tres testimonios indígenas de vida y lucha (III)

Esta es la última entrega de una serie de tres entrevistas, realizadas por un grupo de estudiantes de Assumption College, a Chandra Kalindi Roy Henriksen (Chakma, Bangladesh), Patricia Gualinga Montalvo (Sarayaku, Selva del Amazonas) y Mirian Masaquiza (Salasaca, Ecuador). Sus vidas, distantes en el tiempo y la geografía, se hermanan bajo la experiencia común de la discriminación étnica y lo que ha significado para ellas ser mujeres indígenas, defensoras de sus comunidades de origen y de otros pueblos indígenas a nivel global. Este proyecto formó parte de la clase Other Literatures: Indigenismo, impartida por Juan Carlos Grijalva durante el semestre de otoño del 2015.    

Mirian Masaquiza es originaria de la comunidad indígena kichwa de Salasaca, en Ecuador; tiene una especialización superior en Derechos Humanos; y trabaja como Oficial Asociada de Relaciones Sociales en la Secretaría del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de Naciones Unidas, en Nueva York. En este testimonio, Melanie Giuliani y Nicole González transcriben de viva voz su historia de vida y su compromiso como una mujer indígena activista. En palabras de Melanie, “Mirian se abrió con nosotras de una manera que jamás imaginé, con el propósito de crear conciencia sobre lo que está sucediendo en las comunidades indígenas… Recordaré esta experiencia para siempre”.

Mirian


Mi pueblo está justo en el centro del país

Yo soy kichwa, salasaca. Mi pueblo está justo en el centro del país, como a unas tres horas de Quito. Está justo en la vía a la Amazonía del Ecuador. Estamos atravesados por una vía importante de comunicación, la cual dividió a nuestro pueblo en dos. Tenemos una carretera que va por nuestro pueblo y que ha traído consecuencias buenas y malas. Hay alrededor de unas 12,000 personas organizadas en ayllus, pero también tenemos organizaciones. Tenemos una organización nacional que es la que ahora se reconoce dentro de la constitución como “El Consejo de Gobierno del Pueblo Salasaca”. Además de eso, también somos una parroquia que pertenece al Cantón Pelileo de la provincia de Tungurahua.

Mirian Masaquiza

Mi pueblo también tiene una escuela bilingüe, otras escuelas hispanas y un sub-centro de salud. Ahora, todo lo que estaban descentralizando está regresando al Cantón, por lo que no hay registro civil. Hoy día tenemos acceso a líneas telefónicas y al internet. La agricultura para el auto-consumo y la artesanía del tejido del tapiz son las actividades más importantes dentro de la comunidad. Las mujeres tejen ropas tradicionales, tanto para los hombres como para las mujeres. Los niños, desde muy temprana edad, aprenden el tejido del tapiz. Aunque, a consecuencia de la grave crisis que ha vivido nuestro país desde los años 90 y por todo el proceso migratorio, ha ido decreciendo muchísimo.

Yo soy la hija mayor, y tengo un hermano menor que es músico. Mis padres están divorciados. Mi madre y yo nos parecemos mucho, y ella fue quien me apoyó para estudiar y educarme. Mi abuelito, su nombre era Luis Gerez, era el líder de la comunidad cuando todavía no habían escuelas y colegios, y vivían con mucha discriminación y racismo. Él siempre pensó que la educación era fundamental y por esto decidió mandar a su hija mayor, de entre ocho hijos, a estudiar en un internado en la ciudad de Baños. Ella se convirtió en profesora indígena de la comunidad y fundó tres escuelas en la parroquia. A consecuencia de todo el apoyo, todas sus hermanas se convirtieron en profesoras. Mis tíos, en cambio, fueron los que no estudiaron. De ahí en adelante creo que venimos de una familia que siempre ha creído que la educación es como un instrumento muy importante para sobrevivir dentro de una sociedad discriminatoria.

La vida de mi familia ha marcado todo lo que soy

Bueno, bien es cierto que la vida de mi familia ha marcado todo lo que soy y todo lo que vengo haciendo porque, como dije antes, siempre tuvimos el buen ejemplo y esa persona a quien admirar, mi abuelo. Siempre nos hablaba de consenso, me acuerdo que desde muy pequeña veía a la gente que llegaba a donde mi abuelo y decían “taita yui” que significa papá Luis, mi abuelita siempre estaba lista con un mote para regalarle a la gente, y le planteaban las dificultades y él, mientras, estaba desgranando y decía “mjm, mjm” y me acuerdo clarito de eso porque decían “Ay, han venido y se me han llevado las vacas. ¿Cómo vamos a hacer?”. El seguía escuchando y seguía dando consejos. Y entonces yo crecí con toda esa interesante experiencia. Pero, a consecuencia de la carretera, se fue agrandando más y en esa época no habían rompe velocidades y mi abuelito lamentablemente fue atropellado y falleció. Entonces esto marcó prácticamente la vida de toda nuestra familia porque mi mami tuvo que hacerse cargo de toda familia. Mientras esto ocurría, la relación de mis padres había sido arreglada entre sus padres porque mi abuelito por parte del mi papá era el líder segundo de la comunidad. Entonces, no sé que pasaría entre ellos pero en conclusión, se divorciaron.

En esta época tampoco existía la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), como ahora existe, y a consecuencia de que teníamos la carretera, entraba mucha gente a robar. Muchos no indígenas entraban y se llevaban ovejas, caballos y lo poco que se tenía, lo perdíamos. Mi papá tenía una pequeña tienda de artesanías porque él creía en el tejido del tapiz. Desde muy jovencito, a los 18 años, ya había venido a Estados Unidos para promover el tejido, los diseños y visitó muchas universidades.

Mirian Masaquiza 2

Mi papá es un personaje muy interesante de aprender y me da mucha alegría porque recientemente he conseguido documentos sobre él y porque en esa época, llegaba gente del Cuerpo de Paz y ellos apoyaban a las comunidades. Ellos han escrito mucho de mi papá porque él era el punto focal de todos ellos. Volviendo a la historia de los ladrones, estos llegaron a la casa y entraron a robar. Obviamente la gente se levantó y los atraparon, les pegaron, les castigaron, lo cual ocurre dentro de la justicia indígena; y como consecuencia, los ladrones mueren. La justicia acusó inmediatamente a mí papá. Mi papá estuvo 5 años en prisión. Lamentablemente, a consecuencia del racismo que existía dentro de la provincia, surgieron muchos recortes de prensa, y en la televisión todos estuvieron en contra de nosotros y todos fuimos estigmatizados como asesinos y salvajes. Todo esto es una documentación bastante triste que también ha sido escrita por personas de la Universidad de Illinois, porque como la gente conocía a mi papá, se activaron todos los mecanismos y trataron de enviar muchísimas cartas. Sabemos que llegaron cientos y cientos de cartas, pidiendo la liberación de mi papá. Pero esto nunca fue escuchado porque para los jueces un indígena que haya hecho algo así, aunque no era mi papá, era lo que persistía.

Entonces, mi infancia fue bastante difícil porque crecimos con el estigma de que además de ser indígenas, éramos hijos de un asesino. Y por esto, mi apellido fue maltratado y por esto toda la comunidad no debería llamarse Salasaca, si no Masaquiza porque todos somos Masaquizas. Entonces, fue bastante difícil. En la escuela venían y nos insultaban. Desde pequeña escuché todo lo que era derechos humanos y crecí en los juzgados y en la cárcel. Así que todo este proceso marcó mí vida y por esto yo siempre quise estudiar para ver cómo defender todo lo que estaba ocurriendo. Además de esto, mi padre salió y habían compilaciones gigantes de todo el caso, dónde solamente en media página, se decía que mi papá era inocente, y que todo había sido negligencia de los juzgados, y lo liberaron. Y toda su vida terminó, 5 años de su vida y nadie dijo nada; y el Estado no hizo nada y a pesar de que se activaron todos los procesos y las organizaciones, los abogados nos mintieron y perdimos todo. Entonces, eso hizo que nosotros tratáramos de seguir estudiando y seguir fortaleciendo lo que somos para que nunca más ocurriera algo así con nadie. Pero hoy creo que es normal, lamentablemente.

Bueno, entonces eso fue lo que pasó en mi infancia e inmediatamente terminé mis estudios en la escuela, en la ciudad, porque mi madre quería que aprendiera bien el español, y luego pude, con la ayuda de mi mamá, estudiar en la universidad. Lo más inmediato que necesitábamos era crear fuentes de trabajo y quería tener una agencia de turismo y explotar a la gente un poco más. Uno crece muy enojado con el sistema y tratando de ver cómo mejorar la situación, siempre pensando en el desarrollo económico. Pero mi mamá y mi familia, creo, jugaron un papel muy importante porque ellos siempre me enseñaron los principios básicos de ser indígenas, trabajar la tierra y estar muy conectado con lo que uno es, con la identidad.

Fui a Quito, a una universidad privada. Mi madre creo que lo vendió todo para que entrara a estudiar. Sin embargo, logré obtener una beca y al terminar mis estudios hice una licenciatura en administración de empresas turísticas. Fue muy chistoso, quería hacer esto porque lo necesitaba para trabajar y aprender esto del turismo. Pero en el camino, como en mi familia todos son músicos y siempre entregados al arte, empecé con un evento cultural para traer el turismo a la comunidad. Los artesanos, mi papá, la comunidad, todo esto influyó y entonces comenzamos a organizarnos entre nosotros, donde emprendimos hace 18 años un evento pluricultural. El evento culminó hace dos semanas, y ahora está liderado por mi hermano y se ha convertido en algo internacional. Entonces, estamos muy contentos porque es una fuente para que la gente, además de traer productos de afuera, continúe con lo que es el tejido del tapiz.

Eso fue gran parte de mi juventud quizás, pero también siempre fui activista en la cultura y luego ya me relacione con las organizaciones, un poco más conociendo que estaba sucediendo. En realidad, nunca antes había visto un indígena amazónico, o alguien del sur, o alguien del norte, porque somos una comunidad tan pequeña que uno no sabe que existen más pueblos. Entonces, todo esto es a consecuencia de la educación porque la realidad es que en esa época no te enseñaban que existían otros pueblos indígenas. Ahora es diferente porque tenemos una nueva constitución y podemos leer que hay 18 pueblos indígenas distintos, pero en esa época el ser indígena era lo peor.

Mirian Masaquiza y Patricia Gualinga

Quería estudiar inglés, pero yo ni siquiera entendía

Sí, fue bastante difícil, mi papá cuando salió de la cárcel siempre dijo “tienes que aprender a hablar inglés porque con el inglés vas a poder entender más; vas a poder apoyar más a la gente”. Siempre venían muchos turistas y mi papi los llevaba a conocer, les platicaba y siempre nos presentaba. Siempre la gente me preguntaba “¿qué es lo que quieres hacer cuando termines?” y mi papi siempre me decía que tenía que decir “que quería estudiar inglés”; pero yo ni siquiera entendía, yo solo decía eso como maquinita. Cuando justo estaba a punto de culminar mis estudios en la universidad, me llegó una carta diciéndome que habían conseguido un apoyo para que yo estudiara inglés en la universidad de Seattle en Washington, entonces esa fue mi primera salida, fuera de la comunidad, fuera de la familia. Me gradué un miércoles y el sábado ya estaba volando hacia Seattle. Eso también fue bastante bueno porque si no tal vez me hubiera despreocupado de escribir mi tesis, capaz y nunca la iba a hacer porque ya empecé mi vida de activista y realmente el hablar inglés me abrió muchísimo las puertas

Fue difícil para mí vivir lejos, en Quito, pero por lo menos podía regresar cada dos semanas o cada mes. Pero ya ir a Seattle, estuve once meses y fue súper difícil, lloraba mucho, pero mi mamá me decía que si regresaba “chao”, así que me quedé en Seattle y terminé. Realmente cuando volví al Ecuador empecé a trabajar. A consecuencia de trabajar en la organización, presenté mis documentos y concursé para aplicar a una beca y fui elegida por América Latina y el Caribe para ir a la oficina del Comisionado en Ginebra. Desde ahí es cuando empiezo mi conexión con Naciones Unidas y desde ahí estoy acá.

Entré a trabajar en Naciones Unidas como cualquier otra persona

Bueno, llegué a la institución para un curso de 6 meses en donde nos enseñaron cómo funciona el sistema. Estuvimos en las Naciones Unidas, UNICEF, y en otras organizaciones de Naciones Unidas. Para mí fue totalmente nuevo saber que ya había instrumentos de la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, que reconocían nuestros derechos. También es interesante porque en el día a día las realidades son distintas; en el día a día las realidades de las comunidades son mucho peores. Los que están al nivel internacional luchando por incorporar todo lo que es pueblos indígenas, lo que es trabajo con nuestros pueblos, son muy valederos como los que están al nivel local. Entonces, cuando ya terminé mi curso, regresé a Ecuador y sentí la necesidad de aprender más; así es que justo me registré en la Universidad Andina Simón Bolívar, a la que quiero muchísimo porque allí aprendí muchísimo más, entonces hice una especialización en derechos humanos. Cuando entró el gobierno de Lucio Gutiérrez y la Dr. Nina Pacari era Canciller -aunque ella nunca me había conocido y yo tampoco-, le habían hablado mucho de mí. Entonces, me propone trabajar con ella para un proyecto con UNICEF.

Cuando llegué a UNICEF, allí en el país vi la otra versión del racismo y la discriminación a un indígena. Cuando llegué a la oficina de Quito, el staff no me aceptaba; cuando llegué, nunca me dieron una computadora o un escritorio. Tanto fue que justo a consecuencia del rompimiento del gobierno Pachakutik, yo firmé un contrato, pero ellos dicen que no es valedero y se termina ahí el proyecto. Fue un maltrato y discriminación profesional con el cual quedé muy impactada y nunca más quise volver a pisar Naciones Unidas para nada. Mientras tanto estaba trabajando con la FENOCIN, ahí aprendí todo lo que conozco, les agradezco un montón, a pesar de las condiciones del mundo y en el país también. Y mientras pasaba esto, justo recibí un correo electrónico de mí ex-jefa, hablándome de cómo es el Foro Permanente y para que viniera a apoyarles a organizar una reunión mundial de todos los pueblos indígenas. Vine para esto y me quedé aquí por 5 años, entonces creo que las cosas estaban conectadas de esa manera para que viniera, bueno entonces comencé desde esa época acá. Cuando llegué se me hizo difícil, porque entré a trabajar en Naciones Unidas como cualquier otra persona, tenía un “part-time” y trabajaba como consultora, no tenía seguro médico, no tenía contrato fijo. Afortunadamente, porque mi mamá me alimentó muy bien, nunca me enfermé. Todos los 5 años no hubo necesidad de seguro médico. En el 2007, decidí irme porque ya no podía continuar bajo esas mismas circunstancias, pero la experiencia de todo lo que aprendí fue muy importante.

Nosotros aquí en Naciones Unidas somos como un instrumento, como muchos otros, en que cuando hay oportunidad creo que podemos hacer muchos cambios. Es fundamental asumir esos cambios con mucho respeto y compromiso, porque he podido ver cómo, a pesar de tantas negociaciones difíciles, podemos hacer un impacto positivo. El mayor obstáculo en Naciones Unidas es tener que dar una definición específica de quiénes son los pueblos indígenas. Nosotros creemos que va más allá de una definición. El movimiento indígena cree que nadie externo puede decidir quién es indígena o no, porque es un principio fundamental de identificación y de auto-identificación. Para las Naciones Unidas, el término pueblos indígenas es un término genérico utilizado para negociar todas las cuestiones relacionadas a cada uno de sus pueblos dentro de sus distintas denominaciones. Por ejemplo, en el Ecuador, somos pueblos y nacionalidades; en Bolivia, son pueblos originarios; en Estados Unidos, son primeras naciones; en Australia, son aborígenes. Entonces, así cada uno tiene sus distintas terminologías, pero aquí en Naciones Unidas todos son pueblos indígenas y bajo esa terminología es que se trata de avanzar. El término antes utilizado era “poblaciones indígenas”, pero ya fue discutido y se superó en los años 1990 antes de la aprobación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, y éstas son conquistas, pero muy poquitas. En los documentos es fundamental porque si no aparece el término “pueblos indígenas”, nadie que esté en los países va a considerar trabajar contigo. Entonces, nosotros tenemos aquí día a día todas las discusiones y resoluciones que adopta las Naciones Unidas.

Cuando regreso, trato de convertirme en Mirian “parte del pueblo”

Yo trato de regresar a la comunidad cada 2 años, pero siempre es un poco distinto. No es que no me acepten, yo pienso que la gente tal vez dirá “ya está demasiada alienada con todo lo que sabe o lo que conoce”; pero cuando regreso trato de convertirme en Mirian “parte del pueblo”. Cuando hay una reunión, trato de no intervenir tanto, porque tampoco quiero que sientan que yo lo sé todo, porque no lo sé todo en primer lugar. También, la gente espera mucho de uno, porque piensan que porque estoy aquí en las Naciones Unidas puedo resolver la vida de todos. Sea construyendo hospitales, escuelas, entregándoles dinero, creando fuentes de trabajo, pero como ya les expliqué, más bien nuestro trabajo es distinto. Se trata de emprender políticas de acción para los Estados, entonces explicarle eso a la gente es difícil porque yo que más quisiera que todo el organismo de las Naciones Unidas estuviera trabajando con mi pueblo. En mi familia, me imagino que ellos no saben de qué se trata las Naciones Unidas, ni siquiera lo escuchan mucho en la comunidad. No creo que conozcan mucho, pero sí he tenido la oportunidad de que vengan mi mamá y mi papá; pero tampoco creo que comprenden lo que significa, pero por lo menos saben dónde estoy y lo difícil que es. Cuando viene la gente me saluda y ellos dicen “¿quién es ese?” y yo les digo “¡es un embajador!”; y ellos dicen “ah, qué bien”, sin saber que son personas bien importantes.

Mi hija es una kichwa de Brooklyn

Dentro de todo el proceso indígena internacional, y todo lo que he visto, también me parece muy importante ver cómo las mujeres indígenas se han ido activando dentro del mundo, porque, si bien es cierto que antes de la Declaración los hombres todos querían que se conocieran los derechos colectivos principalmente, ahora importan los derechos individuales con especificidad a las mujeres indígenas. En el 2005, aparece la primera resolución sobre las mujeres indígenas que trata de cuestiones sólo de mujeres, entonces ahí ingresa la especificidad y han ido abriéndose a muchos caminos de temas más específicos como violencia contra las mujeres indígenas, acceso a salud reproductiva, ya habrán escuchado que nuestra presidenta y la relatora especial son mujeres. Son personajes bastante importantes y dentro de la conferencia mundial de los indígenas también tuvimos a una mujer indígena, de nuestra región, la Dr. Mirna Cunningham.

De todo lo que he visto, el caminar con persistencia de las mujeres indígenas es lo que más me ha impactado y siempre seré una piecita pequeña para apoyarlas en ese camino. Personalmente, quisiera procurar que mi hija crezca hablando su idioma, conociendo su cultura y no apartándose de quiénes somos. Quisiera que ella esté orgullosa de que es kichwa, a pesar de que nació aquí. Es una kichwa de Brooklyn (risas), pero creo que esto es fundamental. Con el apoyo de mi mamá, ojalá que esto sea una realidad y que en algún momento pueda regresar a mi país, Ecuador, y volver a mi comunidad. Tenemos muchos hermanos, a nivel nacional, luchando por nuestros derechos, especialmente ahora creo que es importante estar en este espacio y continuar luchando por los derechos de los pueblos indígenas y las mujeres indígenas.

Sobre este proyecto:

Assumption College students at UN

Durante el semestre de otoño del 2015, Chandra Kalindi Roy Henriksen, Patricia Gualinga Montalvo y Mirian Masaquiza, fueron entrevistadas por un grupo de estudiantes de Assumption College, Heather Schofield, Claudia Palencia, Melissa Taylor, Melanie Giuliani, Nicole González, Emily Cabral y Sharon Caulway (de izquiera a derecha en la foto). Los testimonios de estas mujeres nos permitieron ingresar al universo íntimo de sus vidas, los desafíos de sus comunidades de origen y sus luchas inquebrantables como activistas indígenas. La coordinación de este proyecto estuvo a cargo de Juan Carlos Grijalva (abajo, a la derecha), como parte de su clase, SPA400 Other Literatures: Indigenismo. Agradecemos a Chandra, Patricia y Mirian por su apertura y amabilidad, a Assumption College por haber financiado nuestro viaje a Naciones Unidas; y a Latino Rebels, por su interés en publicar estas historias inspiradoras.

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