Sabine Bouchat: Un testimonio de vida entre mundos

Jan 1, 2018
10:40 am

Voces del Jaguar (III)

Mil gracias a Corina Montalvo, Patricia Gualinga, Sabine Bouchat, José Gualinga, Marlon Santi, Eriberto Gualinga, Tupak Viteri y Don Sabino Gualinga.

El pueblo originario kichwa de Sarayaku, en la Amazonía ecuatoriana, se autodefine como descendiente de los jaguares. Esta afirmación no tiene nada de poética ni retórica. En su visión mágica de la selva, hay hombres, unos pocos, que pueden transformarse en este animal poderoso. Se los conoce como Yachaks, y son aquellos que, tras un largo proceso de autodisciplinamiento y aprendizaje, llegan a ser un puente entre el mundo terreno y el espiritual. Pero el sentido ejemplar de fortaleza del mítico jaguar es también un símbolo que representa la lucha de resistencia y dignidad humana de Sarayaku por mantener su espacio de vida, su territorio y cultura ancestrales. Las voces que aparecerán en esta serie de entrevistas –y que se ha respetado de manera exacta en sus propias palabras –, dejan en claro que Sarayaku, al igual que otros pueblos indígenas del Ecuador y Latinoamérica, están y continuarán en pie de lucha como única alternativa a su sobrevivencia. “Somos el pueblo del medio día. Sarayaku no caerá, aunque otros pueblos vecinos sucumban. Sarayaku seguirá resistiendo”, afirma una antigua profecía de esta comunidad.

En esta tercera entrevista de la serie Voces del Jaguar, Sabine Bouchat, nacida en Bélgica, comparte su testimonio de más de veinte años de convivencia con la comunidad kichwa de Sarayaku. En este proceso de transculturación – entendido como su adopción europea de las formas culturales indígenas kichwas –, Sabine ha sido capaz de integrarse a varios mundos, varias lenguas, varias lógicas culturales de lo social, lo natural y lo espiritual. Su testimonio de vida, ya de por sí fascinante, parecería estar caracterizado además por tres fuerzas constantes: el amor, el servicio y el aprendizaje con Sarayaku.

Sabine Bouchat

“Yo me llamo Sabine Bouchat y soy de Bélgica. Estoy casada desde hace casi 28 años con José Gualinga y hemos tenido dos hijos que ya son grandes. Y bueno, en la comunidad, de lo primero en la familia, ya me hice mi lugar, digamos, tengo todos los sobrinos, los cuñados, los compadres, etc. Y a nivel del trabajo con Taita Saruta (Consejo de Gobierno), que es la parte más organizativa del pueblo, trabajo en el equipo de apoyo técnico, como asesora en la gestión de administración de los proyectos. Al inicio, cuando llegué en 1987 —bueno, con José, que en esta época estaba como dirigente de la OPIP, la Organización de los Pueblos Indígenas de Pastaza— trabajé como tres años ahí, en el Departamento de Tierras, porque tengo una formación de agrónoma también. Entonces, apoyé en la organización; después, con José nos fuimos tres, cuatro años, a Bélgica, donde José fue representante de la OPIP allá y desde allá empezó una campaña contra las compañías petroleras y la explotación que había sobre los territorios indígenas. Entonces, yo, poco a poco, aprendí esta vida porque yo no conocía absolutamente nada: ni el idioma, ni el español, ni el kichwa, ni la realidad, ni nada”.

“Lo aprendí todo y estando tres cuatro años con José, lo acompañé a algunas conferencias y reuniones que hacía y aprendí poco a poco la vida de Sarayaku. Y más o menos, en 1994, hemos regresado aquí y estuvimos en contacto constante con Sarayaku y también con algunos miembros de Sarayaku que estaban en Bélgica; y regresamos con un proyecto para la promoción de la educación intercultural-bilingüe. Y con estos trabajos inicié yo más mi vida en Sarayaku, porque antes, bueno, con José, casi ocho años nos conocíamos, antes de realmente venir a vivir aquí; y conocerlo un poco desde lejos. En el 94, entonces, iniciamos los trabajos para la escuelita y ya hace veinte años de eso. Y bueno, ahí hubo también todo un desarrollo del trabajo porque al inicio apoyé bastante la educación y por eso, sigo todavía bastante metida en el asunto de la educación intercultural-bilingüe, educación kichwa, mejor, prefiero decirlo así. Y trabajaba con la cooperación de Bélgica, entonces también tienes algunas reglas de juego de trabajo, hay algunas condiciones; y poco a poco mi trabajo tuvo que ser mas amplio, tanto para la cooperación como también para el mismo pueblo”.

“Entonces, ahí en la escuela, me quedé como unos ocho años, siempre apoyando, apoyando. Pero, poco a poco, me dirigí hacia lo que son los proyectos globales del pueblo, la educación, la salud, el fortalecimiento institucional, la parte agrícola, bueno, agropecuaria, todos los proyectos que se puedan presentar. Y ahora, ya son algunos años que estoy en este equipo de apoyo, que hace toda la elaboración de los proyectos directamente aquí en el terreno, hacemos todos los diagnósticos antes de la elaboración, después presentar; bueno, una vez que el proyecto está terminado siempre pasamos por los dirigentes, el dirigente que corresponde. Y después, si el proyecto es aceptado, entonces ahí es todo el monitoreo, las evaluaciones, los informes. Es todo el apoyo que puedo hacer por el momento en los planes de vida de Sarayaku”.

“Por ejemplo, el mismo ‘Plan de Vida’ hemos trabajado bastante con el equipo para presentar eso. Es un plan de desarrollo, pero mucho más contactado a la realidad de aquí. Y en los últimos años, hemos también trabajado todo lo que es la propuesta del Kawsak Sacha, la selva viviente, para finalmente tratar de difundir y sensibilizar afuera sobre la visión de desarrollo de los pueblos amazónicos, que son diferentes, mucho más ligados a la tierra y al equilibrio del hombre con la naturaleza. También, es en Bélgica donde inició el apoyo internacional a la Frontera de Vida, que es todo un proyecto de preservación del territorio y para fortalecer la cultura. Entonces, por ejemplo, esta escuelita que empezó en 1994, después de la escuelita, no sé bien el orden correcto, pero también se inició el Sacci Huasi, que es el Centro de Salud y también hay el Jardín Botánico y la Frontera. Entonces, es un plan general de cuatro programas importantes para la protección del territorio, para la protección y la valorización de la cultura, pero también toda la parte medicinal, la ciencia. Es un plan global de fortalecimiento de la cultura kichwa y de todos los conocimientos que hay. Más o menos, en todo eso estoy”.

“Yo, como te decía al inicio, cuando llegué aquí no entendía absolutamente nada. Creo que esa es la condición de todos cuando llegamos, ¿no?. Los estereotipos que podía conocer de los pueblos indígenas, en Bélgica más que todo, porque en América del Norte me imagino que ha de ser otra realidad; pero allá, en Europa, ni siquiera podemos imaginar cómo es este mundo de la Amazonía, apenas tenemos unas nociones de los pueblos indígenas del Norte y que son totalmente falsas también, mal explicadas. Entonces, cuando yo llegue aquí, absolutamente nada conocía. Poco a poco, cuando vine a vivir a Sarayaku, tenía los ocho años que había vivido con José, tenía la noción de todo lo que es la organización, la defensa del territorio, pero no la tenía todavía en concreto. Cuando venimos a vivir aquí, me quedé a vivir casi un año con Doña Coriña, mi suegra. Aquí, con ella, aprendí la vida de aquí. Entonces, yo soy de Bélgica y nunca seré de otro lugar”.

Mis padres son de allá y me siento bien en lo que soy. Pero aquí, lo que aprendí, lo que vivo aquí es casi la mitad de mi vida. Más de la mitad de mi vida he vivido aquí. He vivido aquí más que en Bélgica. Me siento bien aquí, pero no puedo decir que soy de aquí. Pero yo siento que todos mis familiares, los amigos, la gente en Sarayaku, me aceptaron y me siento bien aquí. Tengo los recuerdos de mi tierra y adoro a mis padres, mi familia y mis amigos, me voy cuando puedo; pero yo creo que mi vida la quiero hacer aquí, porque además mis hijos están bien, mi esposo está bien, todos estamos bien aquí. Lo que aprendí realmente aquí es esta relación con la naturaleza, que es diferente. Aunque tú puedas ser el ecologista más profundo, más apasionado de Bélgica —yo cojo siempre Bélgica porque es mi tierra— hay siempre una equivocación total, donde tú llegas a una admiración exagerada, o tal vez una iluminación a los árboles, a las plantas. Es bonito, es sincero. Pero no es tan profundo como es aquí. A mí lo que me cambia totalmente es esta relación con la naturaleza, que yo me doy cuenta que me siento bien aquí, porque poco a poco siento que hago parte de uno solo, y yo sé además que la gente me ha aceptado aquí tal como soy y hago parte de ella. Yo no soy de aquí, pero hago parte de aquí. Y es lo que cambió bastante. Por ejemplo, mis padres me educaron desde pequeña a respetar la naturaleza, pero más allá mis padres no me pudieron dar lo que yo aprendí aquí, lo que entendí aquí: que soy parte de esto y que somos parte de todo, y eso es mucho más profundo aquí que en los países donde viví; donde hay mucha gente que trata de recuperar esto, pero la realidad en que ellos viven es terrible, es casi imposible, aunque sí hay esfuerzos. Pero aquí lo vives diariamente, entonces eso es realmente lo que cambió en mi, en mi persona”.

“Aquí, el desafío más, más grande de Sarayaku es hacer entender a los otros, lo que yo entendí. Entonces, que ellos allá entiendan por qué la gente se defiende aquí, por qué Don Sabino necesita de su selva para vivir y para curar a otros, ése es el desafío más grande. Porque hay gente que apoya, pero el desafío más grande es hacer sentir en lo más profundo del corazón, en las tripas de la gente de allá, la importancia de proteger esta naturaleza. No de una manera estética o bonita, o como decía, adorando un árbol; es más que eso. Es hacer entender en el mundo entero que a esta naturaleza le protegemos porque es nosotros. Ese es el desafío más grande de Sarayaku”.

“Y hablando de los desafíos de Sarayaku con José, yo le decía que me parecía que lo más importante es fortalecer a los niños desde pequeñitos, es la educación; que la escuela responda realmente a lo que los jóvenes necesitan aquí. Y por eso iniciamos con esta escuelita aquí, y reforzar la autoestima, que se sientan bien en lo que son. Porque, por ejemplo, la generación de José, como no tenía la posibilidad de estudiar todo aquí, se fue a la ciudad y ha enfrentado desde los diez, trece años, una agresividad hacia ellos. Entonces, tuvieron que acostumbrarse a una cultura que no había sido de ellos, porque la de ellos era rechazada. Entonces a nosotros nos pareció importante empezar a decir desde pequeñitos: ‘tú estás aquí, tu idioma vale, tu cultura vale. Pero tampoco tienes que ser agresivo para defender tu cultura. Tienes que sentirte bien con lo que eres’”.

“Entonces, a nuestros hijos los hemos educado así. Los dos que hemos tenido con José. Para los chiquititos hasta los doce, trece años, es un paraíso aquí. En las escuelas se habla perfectamente el kichwa, se sienten bien, andan bien; la selva, el monte, el río, todo eso, todos los niños del mundo necesitarían eso. Pero cuando pasan al momento de la adolescencia ahí viene el problema y el problema también existe en el colegio donde no hay una fuerza de orientar en la educación propia de aquí. Entonces, los profesores han seguido una información tipo hispana, conocen su vida de aquí, pero no tienen y no logran una metodología de enseñanza dirigida a la cultura kichwa. Entonces, el alumno vive este conflicto todo el tiempo. A partir de que entra en el colegio, la educación todavía no es propia de aquí, no es una educación kichwa. Llega al colegio, tú entras en el mundo occidental. Aún con todos los esfuerzos que intentamos hacer, no logramos pasar esta etapa. Entonces, la educación aquí es el mundo occidental. ¿Dónde está la educación de aquí, la verdadera que tenemos que poner en el colegio?. Entonces, ahí el adolescente entra, encima de su crisis de adolescencia, que le gusta la música de afuera, que quiere ir a bailar. Es el mundo entero. Existe este conflicto. Y encima de eso, aquí no hay un instituto, un colegio que lo oriente justamente a fortalecer esta cultura”.

“Yo creo que las etapas de la juventud, hasta los dieciocho años, han de ser bien complicadas para ellos. Y además, si se van afuera algunos, pierden totalmente… lo que veo es que cuando se van afuera, se quedan entre ellos. Hay una fuerza entre las personas de Sarayaku y otros pueblos indígenas, pero no hay un refuerzo allá, no hay un respeto de lo que son, no hay una orientación en la educación intercultural. Está en teoría, pero en la práctica está muy lejos de poder aplicarse. Yo le veo que hay toda una etapa bien complicada, pero por suerte en Sarayaku hay una fuerza que después de unos años, regresan. Entonces, van a ver afuera lo que pasa, cómo es, algunos más que otros; pero muchas veces cuando ya se hacen pareja o cuando ya tienen un poquito más de edad, ya regresan, muchos regresan aquí. Fácil, no es. Y hay que seguir tratando de superar esto. Y por eso, nosotros siempre estamos tratando de trabajar en la parte de la educación. Ahorita, en la reunión, de eso es de lo que estuvimos conversando”.

“Hay una imposición increíble del Estado y hay gente, hay profesores que dicen ya basta, dejemos que el Estado nos de las construcciones que ellos ofrecen. Algo, algo nos han de dar. Pero en realidad todo está hecho para que se destruya poco a poco el pueblo, la cultura, la educación. Entonces, no puede negar eso el Estado; quieren unificar todo, bonito, que todo el mundo esté al mismo nivel, pero con la misma educación, el mismo idioma, el resto se pierde. Y si se pierde la diversidad, se pierde la riqueza. Entonces, sí hay una etapa bien complicada. Pero veo que sí regresan siempre. Yo lo veo, lo veo en mis propios hijos. Ahora, por ejemplo, es normal, uno tiene 18 años termina el colegio, quiere ir a ver afuera lo que hay y tiene que ir para justamente tener más estrategias, más conocimiento. Y después aplicar aquí o en otro lugar. Nosotros no estamos obligando que viva aquí o que viva allá”.

“Por suerte, tenemos una cultura tan diferente que yo siempre digo hay la cultura de Bélgica, hay la cultura de Quito, la cultura de Puyo, y la cultura de Sarayaku, que son cuatro para nosotros. Y la otra hija, como mujer, hay veces que parece más complicado aquí; hay veces que tiene tendencia a querer vivir más afuera. Parece que la vida allá es más fácil, pero no lo es tampoco porque tú te metes en una vida profesional. La vida afuera es terrible. Entonces, después de unos años se dan cuenta y regresan aquí, donde hay más paz y tranquilidad, hasta encontrar una estabilidad. Pero sí tienen que ir a ver afuera lo que hay y regresar. Yo sí tengo fe que van a regresar. Porque aquí, lo más grande de aquí, y que están perdiendo los países como Europa, es la libertad. Ahí tú vives —claro que no te falta nada—, pero pagas impuestos para esto, tienes que pagar para esto otro, y claro que cuando tú estas metido allá todo el tiempo —yo lo veo en mis papás, mis familiares—, no te falta nada. Pero yo que he tenido la oportunidad de ver esto de lejos, le veo una presión muy fuerte en sus vidas. Claro que a nosotros nos faltan algunas comodidades, pero esta libertad tú no la encuentras más allá”.

Sarayaku: Ríos de Maíz

“En Sarayaku, todo está aceptado y todo se combina, y al final no te sientes rechazado. Pero, claro, si tú respetas la vida a cómo es aquí. Pero no es difícil de respetar porque la misma gente te respeta. Es un intercambio, digamos. Pero digamos hay cosas aquí que sí son duras. Pero hay que entenderlo también. Digamos, esta separación hombre/mujer, en Europa es imposible de entender. La mujeres comen por allá, los hombres comen por allá. Pero aquí hay dos mundos que se completan, que se complementan. El hombre tiene su trabajo, la mujer su trabajo y los dos se completan. El hombre va a ir a buscar la carne en el monte, la mujer va a ir a la chacra, y lo que se comparte aquí en la mesa será el producto del trabajo de la mujer y del hombre”.

“El trabajo es duro para los dos, eso no hay que negar. Pero es verdad que el hombre está todavía más en poder de decisión frente a una mujer. Entonces, si tú le ves así, sin profundizar el asunto, sí hay una imposición del hombre a la mujer porque el hombre siempre decide. La mujer va a seguirle. La mujer vive bastante a través de su esposo, de sus hijos. El hombre tiene más facilidad de ir afuera, etc., etc. Pero cuando tú le ves esto más allá, las mujeres aquí son súper pilas (inteligentes) y son fuertes. Entonces, este poder de decisión sí lo tienen también, pero de otra forma. Es mucho más sutil. Bueno, ellas tienen en sus manos la educación futura. Entonces, son ellas las que tienen que formar a los varones y a las mujeres para que las otras generaciones traten de equilibrar este poder de decisión. Las mujeres en la Asamblea tienen igual voz y voto que los hombres, esto no es un problema. Pero a nivel familiar, es verdad que la mujer todavía tiene que ser más inteligente para hacer pasar sus mensajes”.

“Entonces, en pareja, en familia, donde la mujer tiene este poder, hay un equilibrio; pero en otra familia puede ser que el hombre supera un poco a la mujer porque se deja dominar, como existe en otras culturas, digamos. Por ejemplo, yo tengo la vida aquí en Sarayaku y la vida en Puyo. Y yo prefiero mucho más la vida de una mujer en Sarayaku porque la mujer en Sarayaku tiene su vida, su chacra, su casa, sus amigas, sus cuñadas. Claro que es un mundo de mujeres, pero tiene su vida. Yo le veo, por ejemplo, en la vida de Puyo, hay muchas mujeres encerradas en la casa y no tienen más. Entonces, yo una vez conversé de eso con José. Le digo, por mí, prefiero mucho más vivir en Sarayaku, me siento bien, a que estar en Puyo y no tengo nada que decirle a las otras mujeres porque de nuevo es otro tipo. Claro que también hay ahora mujeres que trabajan y todo eso. Pero prefiero la posición aquí. Yo creo que es una posición más natural, que es difícil de entender para el mundo occidental, pero que es mucho más abierta que en las épocas antes de la guerra donde las mujeres ni siquiera podían votar. Aquí no se pregunta, eso es normal que una mujer tenga voz y voto. Pero claro la decisión la tienen mucho más los hombres. Pero está cambiando poco a poco también”.

“Aquí se aprende la paciencia. En mi tierra la gente ya no tiene paciencia y en mi familia tampoco. Pero aquí se aprende la paciencia. Y también, la gente aquí es acogedora, te acogen rápido, digamos. No te preguntan mucho. Bueno, te miran. Es otra manera, tal vez, de abordar a la persona, ¿no?. Pero rápido te acogen, te dan cariño, te reciben. Yo creo que siempre fue una característica de los pueblos indígenas, que seguramente por eso les conquistaron de esta forma porque te recibían, te reciben, te dan de comer, y te hacen sentar, y después cuando ya te han dado todo, te preguntan: ah, ¿y para qué viniste?. Entonces, es súper agradable aquí. Hay una dimensión diferente del tiempo, porque estás aquí para vivir no para estar corriendo, corriendo, corriendo. Estos son puntos que aprendí aquí”.

“Y bueno, la noción de la familia amplia que en Europa ya se perdió. Bueno, por suerte yo vengo de un medio donde todavía tengo hermanas, hermanos, y cuando nos reunimos todavía estamos algunos. Pero, por ejemplo, unas jovencitas vinieron de Europa, de Francia, de Alemania, pasan seis meses donde nosotros y dicen que es increíble ver cómo nosotros conversamos, todavía estamos juntos. Ellas están con padres separados y muy poco se conversa, hay un hijo, dos hijos, y hay en Europa una soledad y una vida individual que aquí todavía no existen. Claro que para mí, al inicio, cuando llegué aquí, necesitaba por momentos estar sola porque te sientes también perdida entre tanta gente. Pero poco a poco yo me acostumbré a eso y ahora me gusta estar entre todos, y además, si tú te das cuenta, aquí estamos un montón, pero nadie le molesta a nadie”.

“Todo el mundo se organiza bien y no es un problema. Es una vida colectiva bien organizada, digamos. Y cuando estás enfermo, cuando estás mal, enseguida hay gente a tu lado, que en Europa la soledad es tan fuerte ahora. Eso también admiro de aquí, y me acostumbré y me encanta. Yo cuando tengo que ir a mi tierra ahora, por ejemplo, veo a mi tío, ya no tiene hijos, no tiene mujer, está solo, día tras día. Aquí cuando conversamos de eso ahora parece increíble, y a mí ahora me parece también increíble vivir así. Una vida colectiva en comunidad es bien agradable. Hay veces que tiene sus pesos también porque todo el mundo sabe el mínimo detalle de tu vida, jajá. Pero ya se supera eso. Al final, es bien agradable”.

Sobre este proyecto



El proyecto de entrevistas Voces del Jaguar recoge la palabra viva, experiencias y luchas de varios representantes importantes del pueblo originario Kichwa de Sarayaku, en la Amazonía ecuatoriana. Juan Carlos Grijalva, editor de estas conversaciones, es profesor asociado de literatura y estudios latinoamericanos en Assumption College, Estados Unidos.

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