22 de marzo: La importancia historiográfica de este día en Puerto Rico

Mar 22, 2018
8:46 am

“I’m just an ordinary guy you left behind.”
Joe Bataan

“Until the color of a man’s skin
Is of no more significance than the color of his eyes”
Bob Marley

I

En estos días dialogaba con un colega historiador acerca de retomar un viejo proyecto titulado (preliminarmente) fechas. Consistía en revisitar algunos días feriados en el calendario y hacer el ejercicio de entender el contexto en el que se produjo su contenido junto al significado que se le asignó. Mi idea, atemperar el discurso historiográfico al presente. Pero de esto van casi diez años y solo lo he podido trabajar de manera errática.

El asunto es que comentándole al colega acerca del 22 de marzo y la importancia historiográfica que se le pudiera resaltar en estos días frente a tanto racismo abierto y manifiesto, me sorprendí cuando el individuo, muy honestamente, me respondió que no sabía nada sobre esa fecha. ¡Un colega historiador con un Ph.D!

Al segundo me compuse. No soy un historiador que se piensa asimismo como un iluminado, ente superior que su misión en la tierra es educar a las masas ignorantes. Al contrario, como Joe Bataan, soy un tipo ordinario al que le gusta escribir y que se vale de documentos históricos para crear su ficción y compartirla con quien gustosamente desee escucharla. Pero, el que un boricua no supiera nada sobre esta fecha me llevó a pensar lo siguiente: ¡qué bien se nos ha enseñado a olvidar, ¿ah?! Conste, como adultos tenemos una responsabilidad ética de indagar, de buscar un mínimo de conocimiento sobre las cosas, pues como se afirma en Derecho, la ignorancia de la ley no exime a uno de su cumplimiento. Así que para el beneficio de todos —los boricuas en la isla, incluso mis hermanos boricuas de la diáspora quienes, quizás, como yo aprendieron primero de Harriet Tubman, Frederic Douglas, o la historia de Nat Turner, por ejemplo, y hasta para mí que ensayar sobre esto me permitirá retomar el tintero— concédaseme un humilde, escueto, pero sincero recuento de lo que pasó después que las Cortes de España resolvieron la emancipación de los esclavos en Puerto Rico en 1873.

Monumento a la Abolición de la Esclavitud, Ponce, PR (Tito Caraballo/ Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic)

II

El Código de las Siete Partidas, obra jurídica de suma importancia realizada por iniciativa y bajo la dirección del rey español Alfonso X el sabio (1221-84), definía la esclavitud como: “la más vil y la más despreciada cosa que entre los hombres puede ser”. ¡Quién diría que tomaría cinco siglos para que estas palabras tomaran efecto jurídico en Puerto Rico! Pues no fue hasta el 22 de marzo de 1873 que finalmente se le concedió el derecho a la libertad a los negros esclavos. A este evento histórico en el calendario boricua se le recuerda como el día de la “Abolición de la Esclavitud”. Y en esto se encierra un tipo de complacencia, una satisfacción acrítica que no toma en consideración los eventos que le sucedieron. En la concesión de libertad para los negros esclavos de la isla hubo varias clausuras. Se destacaba la imposición de trabajar bajo contrato con algún hacendado por un término de tres años. Es decir, se les concedió la libertad, pero no para hacer lo que les viniera en gana como formar una comunidad de negros libertos con su propio gobierno y bajo sus propias reglas. Tenían que contratarse. Por lo tanto, si algo obtuvieron fue el derecho a la libre contratación. Desafortunadamente, la inmensa mayoría tuvo que optar por contratarse con sus antiguos amos. ¿Qué implicaba esto?

Bajo la esclavitud, el hacendado se encargaba de alimentar al esclavo, de vestirlo, de ofrecerle un techo y hasta de brindarle servicios médicos. Obviamente, era una inversión y tenía que protegerla. Pero, después de la abolición, el negro liberto iba a tener que proveerse esto por si mismo y más aún vivir de un jornal (salario). Para esta época era común pensar que el jornal era lo que llevaba al trabajador a ser libre, pues le permitía al individuo insertarse en la lógica del mercado de ese entonces y tener la libertad de decidir lo que iba a hacer con su futuro, incluso comprar tierras.

Sorprendentemente en Puerto Rico, el negro liberto no pidió jornal. Prefirió mejor vestimenta y servicios médicos. Las razones para ello son lógicas, poniéndolas por supuesto dentro de su contexto histórico. Bajo la esclavitud era responsabilidad del amo proveer dos mudas de ropa al año. Por lo tanto, a lo largo de todos los años de cautiverio la única propiedad privada que tuvieron los esclavos fue su ropa. Por otro lado, en 1855 en Puerto Rico hubo un brote de cólera que exterminó a más de 5,000 esclavos, y suponemos que esto debió haber estado claro en sus mentes a la hora de pedir servicios de salud y medicamentos. No olvidemos que este sector debió haber sido el más vulnerable a las enfermedades, mayormente claro está, por las condiciones de hacinamiento en las que vivían.

Así que como podemos ver la abolición de la esclavitud en Puerto Rico no adelantó ese paso de hacer al esclavo un ser humano libre dueño de propiedad privada, forjador de sus propias instituciones. Por su parte, tampoco trajo política pública de retribución por todo el daño que se había causado, ni mecanismos de educación para romper con los mitos sobre la inferioridad del negro. Porque obviamente la esclavitud no fue solamente el sistema de trabajo, también fue la ideología que creó todo ese aparato esclavista para apuntar a la inferioridad del hombre y de la mujer negra. Por lo tanto, pasó la abolición de la esclavitud y un día como hoy en algunos calendarios puertorriqueños se conmemora. Pero tomemos en consideración que este día debería ser de observación y reflexión acerca de cómo podemos trabajar para que los afro-boricuas por fin puedan caminar libres por un mundo en el que el color de la piel, como decía Bob Marley, importe lo mismo que el color de los ojos.

III

El racismo no se manifiesta igual en todos lados. Isabelo Zenón argumentó que hay elementos del racismo en Puerto Rico que, en comparación con Estados Unidos, se presentan de otra manera. Y el que no exista en la isla un currículo de enseñanza africana y afro-puertorriqueña, como alega William García, junto a la ausencia de estructuras fuertes como el Black Cinema, BET, o el National Museum of African American History and Culture, es una muestra local del racismo epistémico que permite que boricuas puedan llegar a adultos sin saber nada acerca del 22 de marzo. Por lo tanto, esto un asunto ético, pero también estructural, y como tal se debe continuar en la lucha para denunciarlo hasta dislocarlo. ¡Yo quiero un Puerto Rico libre de racismo también!

Referencias
Baatan, Joe. Riot! Fania Records ‎– SLP 354, 1968.
Baralt, Guillermo A. Esclavos rebeldes: conspiraciones y sublevaciones de esclavos en Puerto Rico (1795-1873). Río Piedras: Ed. Huracán, 1982.
Díaz Soler, Luis M. Historia de la esclavitud negra en Puerto Rico. Rio Piedras: Editorial universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1974.
García, William. “Los estudios sociales y el taíno en Puerto Rico: ¿Y el negro, ¿dónde está?”. Latinorebels.com, 5 de mayo 2015.
Marley, Bob & The Wailers. Rastaman Vibration. Island Records ‎– ILPS 9383, 1976.
Zenón Cruz, Isabelo. Narciso descubre su trasero: (el negro en la cultura puertorriqueña), tomo I. Humacao, Puerto Rico: Furidi, 1975.

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Rafael Acevedo-Cruz nació en Santurce, Puerto Rico, y ha vivido en el área tri-estatal, América Latina y Puerto Rico. Recibió una licenciatura en historia de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras, donde en 2013 comenzó sus estudios de posgrado. Sus intereses académicos se enfocan en el estudio cultural de la música popular y la historia de Puerto Rico. Twitter: @RAF0_One.

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