VIDA, LUCHA Y VICTORIA: Cuando el margen se vuelve centro

Jan 3, 2019
1:15 pm

Pa’ los Ortiz Torres, con cariño y respeto.

I.

En el 2018 hubo un resurgir de las artes y la cultura en Puerto Rico. El Hip-Hop no fue la excepción. En casi todos los meses hubo algún evento o actividad. A través de La Radio PR los programas de 4 Elementos y Hip-Hop Jam tuvieron entrevistas chéveres. Tony Small y su Expresión Hip-Hop hizo lo suyo también. Salieron varios sencillos, videos y que yo recuerde al menos 5 álbumes. Tanto la vieja escuela como los nuevos estuvieron puestos pa’ lo suyo. Es curioso que toda esta efervescencia cultural se haya dado durante la vida post María, uno de los años más difíciles que ha atravesado nuestra historia contemporánea. Hasta hace poco se leían noticias de familias recibiendo finalmente energía eléctrica en sus casas. Sin embargo, no es la primera vez en la historia que la humanidad recurre a las artes para bregar con la crisis.

El Decamerón de Bocaccio salió en medio de la epidemia de la peste bubónica que acababa con Florencia. Goya hizo su serie Las Pinturas Negras durante las Guerras Napoleónicas. La metamorfosis El proceso de Kafka expresan la angustia humana y el sinsentido de las relaciones sociales como crítica a la Primera Guerra Mundial. La Guernica de Picasso alude al bombardeo a este municipio de Vizcaya durante la Guerra Civil Española. Modern Times de Chaplin es una crítica a la idea de progreso, pero salió al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y The Great Dictator es una mofa acerca de Hilter. Todas estas expresiones han venido a formar parte del acervo cultural humano. Han recibido su crítica y existe evidencia sobre ellas.

Pero el Hip-Hop no ha corrido la misma suerte, en especial el de Puerto Rico que ha sido pobremente documentado. Mi crítica va dirigida particularmente a quienes se consideran a sí mismos como “los custodios de la cultura”, “los pensadores del país”. En todos los combos hay gente que está clara, saludos a Mayra Santos Febres. Pero existe esta idea de que en Puerto Rico cultura es solo cine, teatro y literatura. ¿Por qué no se escribe sobre el Hip-Hop? ¿Porque es música de barrio? ¿Otra música de negros? ¿O porque es una expresión cultural que viene de Nueva York, es decir, de “afuera” y trastoca los sentidos puros de la puertorriqueñidad? Esta última a mí no me convence mucho porque la salsa nos vino de Nueva York y ya es aceptada. Cómo olvidar aquella Expo del 92 en Sevilla cuando se declaró “Puerto Rico es Salsa”. Aunque siempre se puede pensar que esto ocurrió después que la industria intervino y blanqueó esta expresión cultural y surgieron los apodos de “Caballeros” y “Príncipes”.

Anyway, a continuación, te relataré una pequeña historia de una música que se ha mantenido negra. Una expresión cultural que no ha sucumbido a los grandes intereses del mercado. La memoria de un barrio y la Vida, Lucha y Victoria de uno de sus hijos.

II.

“Eso queda en el jurutungo viejo”. No sabría decirte cuántas veces escuché una frase así de chamaquito. Es como si en el imaginario puertorriqueño el jurutungo era este lugar mítico, lejos y olvidado. Un Belén cualquiera como en la tradición cristiana. Un Trenchtown de donde no podía salir nada bueno como decía Bob Marley.

En la capital puertorriqueña hay un barrio con este nombre. Un espacio entre Río Piedras y Hato Rey. Según me cuentan, el terreno en el que se asienta Jurutungo fue adquirido por el periodista español José Pérez Moris en el siglo XIX durante el coloniaje español. Sí, el mismo Pérez Moris que escribía en contra de los separatistas de aquel tiempo y quien desprestigió el Grito de Lares como un evento insignificante, discurso consumido como verdad por muchos años. Gracias a la vida por los estudios del historiador y amigo Pancho Moscoso.

En algún momento del siglo XX este terreno comenzó a ser invadido por trabajadores puertorriqueños. Esta conquista permitió que, paulatinamente, en este espacio se fuera desarrollando todo un mundo de cemento, madera y zinc ladeando calles estrechas y callejones oscuros donde vino a habitar Lydia E. Cátala, abuela de Arturo Torres Ortiz, R-Two, uno de mis emcees favoritos.

La historia del Hip-Hop puertorriqueño es una de ir y venir. Fue el intercambio entre primos y familiares de esos boricuas que habían emigrado a Nueva York en la guagua aérea para la década del sesenta y setenta. Familiares que cuando regresaban de visita a la isla traían consigo jackets de Mahón, elepés de salsa, la idea del graffiti, cassettes de rap, el electroboogie, palabras como broqui, brodel, fronte, sueras, cuitos, etc. Pero la historia del Hip-Hop Boricua no comenzó necesariamente en el Bronx, ni con las quemas de edificios. La historia del Hip-Hop puertorriqueño empezó en espacios como “jurutungo viejo”, barrio que en su momento el ex–alcalde Santini trató de desmantelar, muy parecido al tumbe de la Veintiuna en Santurce bajo el desarrollismo muñocista. La diferencia es que Jurutungo sigue en pie.

De aquí proviene R-Two. Talentoso para escribir rap. Un día la disquera lo firmó. Le tomaron el pelo. Hicieron dinero con sus canciones. Se quitó. Tuvo su primer hijo hace 20 años. Ingresó a la Universidad de Puerto Rico para hacerse un Trabajador Social. Aún no ha terminado. La vida. Trabajó muchos años en una ferretería. Lo despidieron. Sacó la licencia para ser taxista. Bregó desde ahí por un tiempo. Aún hace sus rutas, pero hoy tiene otro guiso.

De momento Enigma le envía un ritmo. Se inspira. Hace un tema. Bueno pa’ subir a las redes. Enigma le dijo que no. El disco de donde sacó el sample le costó mucho. Si lo quería tenía que sacar un álbum. Comenzaba un largo y tortuoso proceso de producción.

III.

El 19 de octubre de 2018 salió finalmente Vida, Lucha y Victoria, uno de los mejores álbumes en la historia de Hip-Hop de Puerto Rico. De la mano de algunos de los más destacados productores del patio y asistido por Ikol Santiago, R-Two soltó un álbum brutalmente honesto.

Comienza con un fragmento del “Nacimiento” de su segundo hijo, acompañado de la percusión de don Arturo Torres y Samuel “El S.” Vidal. De ahí pasamos al “Principio” del Rap en Puerto Rico. Entramos luego a su “Vida”. Conocemos a su hijo mayor “Hakeem”. Caminamos junto a él por su “Barrio”. Escuchamos los perros. Sentimos de cerca “La Muerte”. Luego nos explica cómo a pesar de lo difícil de la vida hay que seguir “Metiendo Mano”. De ahí nos encontramos con su lado “Dulce”, pues como decía Noventipico “los hombres también lloran, no solo cuando están tristes, sino cuando se enamoran”. Luego nos confiesa cómo la gente a través de todos estos años le ha aconsejado la fórmula para tener éxito. En “Herencia” deja claro que de África viene su color, pero exhibe su orgullo puertorriqueño. “Orquídea” es un hermoso poema dedicado a la tierra que lo vio nacer y la tristeza que lo embarga por tantos años de colonialismo y de escuchar al puertorriqueño despellejarse el uno al otro. Sin embargo, el subtexto que recorre todo el tema es su mamá Elizabeth ya que ésta era su flor favorita.

Para R-Two la figura femenina fue importante en su desarrollo y por eso uno encuentra la voz de Lady Keys acompañando todo el álbum. Esta propuesta dice mucho del carácter de este emcee, a la vez que reta la lógica machista que recorre la cultura Hip-Hop. De ahí pasamos a una mirada nostálgica al pasado con “Hijos de otra Era” y concluimos con una celebración. Es la “Victoria” de haber terminado el álbum, la alegría de estar vivos a pesar de los pesares. Era necesario hacer un party.

IV.

La noche del 14 de diciembre de 2018 me fui como mi pana Tano al Club 77 en Río Piedras. Bajamos por el Paseo de Diego. Mientras caminábamos no pude evitar recordar sus tiempos de gloria. De chamaquito mi vieja me llevaba a comprar las libretas y los uniformes de la escuela ahí. Ahora es un todo abandonado. Otra de las tantas ruinas que dejó a su paso el “progreso” del ELA, aquel que trajo la nieve y Plaza Las Américas – el centro comercial más grande del Caribe en su momento. Tengo un pana que compara el abandono del casco urbano riopedrense a una zona de guerra. Y en el medio de este dejo, ahí estaba el Hip-Hop en el party de R-Two como luz en las tinieblas.

Quizás no fue el más concurrido. Pero llegó quien tenía que llegar, por más clichoso que se escuche. Todos los que acompañaron a R-Two se lucieron. La camaradería, la hermandad, el amor y el respeto que mostraron los muchachos en tarima fue un aliciente en un Puerto Rico hartamente machista.

En fin, esto no fue solo un party de R-Two, esa noche se conmemoró la vida de doña Lydia, la lucha de un barrio como Jurutungo y la victoria del Hip-Hop a través de una de sus voces más potentes en un Puerto Rico post María. Seguimos.

Fotos por Rafael Acevedo-Cruz

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Rafael Acevedo-Cruz nació en Santurce, Puerto Rico, y ha vivido en el área tri-estatal, América Latina y Puerto Rico. Recibió una licenciatura en historia de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras, donde en 2013 comenzó sus estudios de posgrado. Sus intereses académicos se enfocan en el estudio cultural de la música popular y la historia de Puerto Rico. Twitter: @RAF0_One.

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