Brutalidad en Honduras: Régimen de Hernández reprime a oposición liderada por Mel Zelaya y Xiomara Castro

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TEGUCIGALPA — Las distintas represiones ordenadas este mes por el régimen de Juan Hernández al pueblo hondureño para desalojarlos de las diferentes manifestaciones pacíficas en los peajes del país tuvo el inhumano ingrediente de una imponente precisión militar y un desorbitado despliegue policial como si se tratase de exterminar a grupos terroristas.

Manuel Zelaya, Coordinador General del Partido Libertad y Refundación (LIBRE) y expresidente de Honduras, dirigió en la zona norte a las y los militantes de la oposición política y ciudadanía indignada en una movilización pacífica para reclamar las reformas electorales que permitirían transparentar el próximo proceso eleccionario de 2017. No obstante, fue recibido por la fuerza policiaca con una lluvia de explosivos lacrimógenos.

En la zona central, Xiomara Castro, candidata presidencial de LIBRE, también fue reprimida por la violencia militar, irrespetando el derecho de la oposición de manifestarse pacíficamente y exigir que el régimen de Hernández deje de privatizar la salud, concesionar las carreteras, instalar más peajes transnacionales y entregar la soberanía a “holdings” internacionales.

Recientemente, el titular del Poder Ejecutivo afirmaba que Honduras vive en una democracia que respeta el derecho del pueblo a reunirse, hablar y protestar. Al buscar comprobar ésa tesis, días más tarde, el gobierno desplegó decenas de policías, espías y organizaciones militares que han estado planeando durante meses cómo contener y reprimir las protestas esperadas.

Tras la violenta jornada protagonizada por una exagerada cantidad de hombres y vehículos antidisturbios movilizados, los gases lacrimógenos, la ferocidad de las arremetidas contra los manifestantes con furgonetas especiales así como las detenciones masivas arbitrarias, demuestran que lo que Hernández ha construido en Honduras dista de la democracia y el respeto de los DDHH y, más bien, es un cuerpo policial militarizado con espíritu peligroso que sigue aumentando su tendencia antidemocrática.

El fascismo es una de las más brutales expresiones del capitalismo, empleado para quebrantar el consenso social y acelerar la regresión de DDHH. Asimismo, preserva los intereses de las clases dominantes, exacerba los sentimientos de miedo y frustración colectiva mediante la violencia, la represión y la propaganda.

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En esa línea, es posible advertir que el ataque devenido de parte del régimen de Hernández hacia la población en los peajes de Honduras refieren al derrape violatorio de los DDHH que se ha manifestado desde el Golpe de Estado de 2009, construyendo a la vez, herramientas como el desahucios, despidos, reducción o supresión de servicios públicos como la sanidad o la educación, limitación de garantías democráticas como el acceso a la justicia, eliminación de derechos civiles como el derecho al aborto, etcétera.

Desde la asunción de Hernández, muchos sucesos han destapado la cara más violenta del régimen y evidenciado su convivencia con el viejo fascismo, llevándole de testigo complaciente o culpable activo a promotor principal e interesado de este nuevo fascismo. Ya su propia reproducción depende prácticamente en exclusiva no de las narrativas democráticas (consenso social) sino de las estructuras fascistas (control de la población mediante la violencia directa del Estado y la propaganda).

El Partido LIBRE, que recoge la bandera del Socialismo Democrático en Honduras, levantó una vez más su voz como pueblo para exigir reformas electorales, la no privatización de la salud, la no privatización de la estatal de energía, la no concesiones de las carreteras, la eliminación de los peajes municipales y transnacionales, la desmilitarización de la sociedad y el Estado, entre otras más. En cambio, tuvo una alta dosis de violencia y represión.

El actual régimen del desgastado Partido Nacional, teñido de violencia y corrupción, mantiene las estructuras que clásicamente se han manifestado como eslabones de una democracia capitalista: existencia ilimitada de partidos políticos (considerados de maletín), simulacro de separación de poderes y control de la lucha de clases mediante pactos entre sindicatos y patronal.

Pero bajo esa apariencia, las reformas legislativas que pretende el oficialismo y los cambios constitucionales (como la reforma a los artículos pétreos que instalaron la reelección presidencial) realizados en los últimos años para favorecer políticas en contra de la redistribución de la riqueza y la democracia y provocar un crecimiento de masas populares en situación de exclusión social, componen ya, sin duda, el escenario para la entronización de una dictadura.

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Ricardo Ellner es periodista. Vive en Honduras. Su cuenta de Twitter es @r_ellner.

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